1. 2666: Lo compré en la feria del libro, lo empecé a leer... pero acabo una primera parte dedicada a la búsqueda de un escritor alemán, comenzó otra distinta y me despisté un poco... hace poco le volví a dar un bocadito y parece que sigue fresco, volveré a la carga más adelante.
2. Estambul (de Pamuk): Lo empecé por tercera o cuarta vez, me hizo volver allí, alejarme de aquí, pensar seriamente en trasladarme... pero llegó un día aburrido en la oficina, lectura por internet de algunos artículos serios sobre literatura yyy.... recordé que hacía muuucho que tenía pendiente a faulkner! Ah!
3. Absalón! Absalón!: Si... Faulkner al fin! Los primeros dos días casi no lo aguantaba, pero la historia se fue tejiendo con una delicadeza que necesita ser observada con atención. La verdad es que no habría acabado hasta terminar, no debería!! pero ocurrió algo...
4. Harry Potter and the deathly hallows: charaaan!!! Increible, después de Faulkner sobre todo, no? Pero a veces viene muy bien regresar a Hogwarts y recordar aún se puede coger una escoba y volar por encima de Europa...
Los dos últimos libros me han llevado muy lejos de Madrid, supongo que serán los primeros que acabaré este verano, de ahí iré hacia atrás, siempre salpicando los días con poesía (viva Sylvia Plath!!!) y puff... econometría y macroeconomía.
5. La montaña mágica: siempre está ahí, y estará durante muchos años. Con él no hay prisa, no la ha habido durante los últimos años y no la habrá en los siguientes.
Si alguien sigue rondando por aquí y ha leido alguno, que comenteee!!!
sábado, 25 de julio de 2009
jueves, 2 de julio de 2009
Lord Byron
Al cumplir mis 36 años
¡Calma, corazón, ten calma!
¿A qué lates, si no abates
ya ni alegras a otra alma?
¿A qué lates?
Mi vida, verde parral,
dio ya su fruto y su flor,
amarillea, otoñal,
sin amor.
Más no pongamos mal ceño!
¡No pensemos, no pensemos!
Démonos al alto empeño
que tenemos.
Mira: Armas, banderas, campo
de batalla, y la victoria,
y Grecia. ¿No vale un lampo
de esta gloria?
¡Despierta! A Hélade no toques,
Ya Hélade despierta está.
Invócate a ti. No invoques
más allá
Viejo volcán enfriado
es mi llama; al firmamento
alza su ardor apagado.
¡Ah momento!
Temor y esperanza mueren.
Dolor y placer huyeron.
Ni me curan ni me hieren.
No son. Fueron.
¿A qué vivir, correr suerte,
si la juventud tu sien
ya no adorna? He aquí tu
muerte.Y está bien.
Tras tanta palabra dicha,
el silencio. Es lo mejor.
En el silencio ¿no hay dicha?
y hay valor.
Lo que tantos han hallado
buscar ahora para ti:
una tumba de soldado.
Y hela aquí.
Todo cansa todo pasa.
Una mirada hacia atrás,
y marchémonos a casa.
Allí hay paz.
Versión de Enrique Álvarez Bonilla
On This Day I Complete My Thirty-sixth Year
’Tis time this heart should be unmoved,
Since others it hath ceased to move:
Yet, though I cannot be beloved,
Still let me love!
My days are in the yellow leaf;
The flowers and fruits of love are gone;
The worm, the canker, and the grief,
Are mine alone!
The fire that on my bosom preys
Is lone as some volcanic isle;
No torch is kindled at its blaze—
A funeral pile!
The hope, the fear, the jealous care,
The exalted portion of the pain
And power of love, I cannot share,
But wear the chain.
But ’tis not thus—and ’tis not here—
Such thoughts should shake my soul, nor now,
Where glory decks the hero’s bier,
Or binds his brow.
The sword, the banner, and the field,
Glory and Greece, around me see!
The Spartan, borne upon his shield,
Was not more free.
Awake! (not Greece—she is awake!)
Awake, my spirit! Think through whom
Thy life-blood tracks its parent lake,
And then strike home!
Tread those reviving passions down,
Unworthy manhood!—unto thee
Indifferent should the smile or frown
Of beauty be.
If thou regret’st thy youth, why live?
The land of honourable deathI
s here:—up to the field, and give
Away thy breath!
Seek out—less often sought than found—
A soldier’s grave, for thee the best;
Then look around, and choose thy ground,
And take thy rest.
¡Calma, corazón, ten calma!
¿A qué lates, si no abates
ya ni alegras a otra alma?
¿A qué lates?
Mi vida, verde parral,
dio ya su fruto y su flor,
amarillea, otoñal,
sin amor.
Más no pongamos mal ceño!
¡No pensemos, no pensemos!
Démonos al alto empeño
que tenemos.
Mira: Armas, banderas, campo
de batalla, y la victoria,
y Grecia. ¿No vale un lampo
de esta gloria?
¡Despierta! A Hélade no toques,
Ya Hélade despierta está.
Invócate a ti. No invoques
más allá
Viejo volcán enfriado
es mi llama; al firmamento
alza su ardor apagado.
¡Ah momento!
Temor y esperanza mueren.
Dolor y placer huyeron.
Ni me curan ni me hieren.
No son. Fueron.
¿A qué vivir, correr suerte,
si la juventud tu sien
ya no adorna? He aquí tu
muerte.Y está bien.
Tras tanta palabra dicha,
el silencio. Es lo mejor.
En el silencio ¿no hay dicha?
y hay valor.
Lo que tantos han hallado
buscar ahora para ti:
una tumba de soldado.
Y hela aquí.
Todo cansa todo pasa.
Una mirada hacia atrás,
y marchémonos a casa.
Allí hay paz.
Versión de Enrique Álvarez Bonilla
On This Day I Complete My Thirty-sixth Year
’Tis time this heart should be unmoved,
Since others it hath ceased to move:
Yet, though I cannot be beloved,
Still let me love!
My days are in the yellow leaf;
The flowers and fruits of love are gone;
The worm, the canker, and the grief,
Are mine alone!
The fire that on my bosom preys
Is lone as some volcanic isle;
No torch is kindled at its blaze—
A funeral pile!
The hope, the fear, the jealous care,
The exalted portion of the pain
And power of love, I cannot share,
But wear the chain.
But ’tis not thus—and ’tis not here—
Such thoughts should shake my soul, nor now,
Where glory decks the hero’s bier,
Or binds his brow.
The sword, the banner, and the field,
Glory and Greece, around me see!
The Spartan, borne upon his shield,
Was not more free.
Awake! (not Greece—she is awake!)
Awake, my spirit! Think through whom
Thy life-blood tracks its parent lake,
And then strike home!
Tread those reviving passions down,
Unworthy manhood!—unto thee
Indifferent should the smile or frown
Of beauty be.
If thou regret’st thy youth, why live?
The land of honourable deathI
s here:—up to the field, and give
Away thy breath!
Seek out—less often sought than found—
A soldier’s grave, for thee the best;
Then look around, and choose thy ground,
And take thy rest.
domingo, 28 de junio de 2009
alfredo y toto... en Cinema Paradiso
La mejor manera de explicar la pasión por el cine, abrazando tiras de película cortadas!
Véanla si no lo hicieron antes, Cinema Paradiso...
miércoles, 17 de junio de 2009
meditteranean tale
Amanece en Tánger con el canto del almohacín llamando a la oración. Adita se viste con un camisón breve después de una noche calurosa desnuda sobre una cama, que ha cubierto de lágrimas entre sueños. Cuando se lava la cara, el espejo le devuelve una imagen familiar detrás de ella, contiene la respiración, se queda quieta un minuto observando la figura que la acompaña a través del espejo y al fin se decide a volverse.
- Cariño… creía que ya no estabas.
- Ya, yo también lo creía, pero aquí estoy. ¿Se me nota demasiado?
- Apenas amor, apenas… todavía hueles a ti, los ojos te brillan casi igual. Ven, sí, tus besos son igual de buenos.
- ¿De veras? Yo casi no lo siento. Bueno si, siento como si fueran un recuerdo. Mira, te toco ahora mismo y en lugar de sentirlo, el tacto se convierte en el recuerdo de cuando solía tocarte así.
- Amor, qué cosas más raras dices…
- También te quiero como en un recuerdo, como si no fuera ahora.
- Me quieres hacer llorar, y no voy a llorar.
- No Ada, sólo te quiero hacer comprender… empiezo a oler mal, no debería estar ya aquí.
- Deja de decir tonterías, hueles tan bien como siempre, tal vez un poquito más, pero sólo es más de ti.
- Ada, ni si quiera sé cómo he llegado hasta Tánger. Tampoco sé qué haces tú aquí, lo que sé seguro es que con este calor me descompondré en cuestión de horas. Así que niñita, tenemos que despedirnos de una vez…
Ada se coge la tripa y mira a su alrededor, como si quisiera esconder algo que ha quedado a la vista, pero no se mueve. La habitación huele a flores secas, sobre la mesilla hay dos vasos de agua a medio beber y una revista de moda americana.
- ¿Dónde quieres pasar el día amorcito?
- Entre tus brazos Ada, déjame abrazarte… otra vez, me veo en aquella playa de Elba, contigo acurrucada como ahora, respirando muy profundamente. Parecías tan pequeña y al mismo tiempo tan… importante, lo más importante de mi vida. Siempre fuiste tú, y cada uno de esos días en la costa italiana fue lo más real que viví.
- Sí, lo fue. Yo no sabía que se puede ser así de feliz, por eso me extrañó tanto que desaparecieses cuando volvimos… y que volviéramos, ¿por qué Nicolás? Creía que habíamos decidido quedarnos allí, no era una locura, teníamos planes, tenían sentido…
A Nicolás se le escapa una lágrima del ojo izquierdo que resulta ser sangre, evita que Ada la vea limpiándose rápidamente la azulada mejilla. Tiene que contenerse para no romper a llorar sangre violentamente.
- Ada… Yo quería, sabes que quería quedarme allí, pero tenía algunas obligaciones en Madrid que no pude eludir. No te lo dije entonces porque creía que era algo que había salido de mi vida. Estaba casado, divorciado. Tenía un niño que mi ex-mujer no me dejaba ver, llevaba años sin saber de ellos, sin saber dónde estaban y llegaste tú, me devolviste a la vida y justo entonces reaparecieron. Mi hijo había enfermado, podía ser muy grave. Yo no quería pero él es… no podía, ¿entiendes?.
- Amor, desapareciste, sin decir nada. Y luego esa nota, creí volverme loca, cada vez que intentaba olvidarte llegaba una nueva noticia tuya que me obligaba a continuar creyendo en ti.
- Sólo fueron dos notas… no me dio tiempo de más.
- Y el certificado, el certificado amor. Cuando volví a Madrid y lo vi en el hospital…
- Pero no perdiste el tiempo, ¿no? Sabes, yo… yo no soy tonto, no era tonto. Siempre igual con las mujeres, si fuese agresivo me podría vengar ahora con mucha facilidad y nadie podría detenerme. Ninguno de tus chulos, ni todos a la vez entrando por esa puerta, aunque entrasen todos los marineros mediterráneos que te has tirado mientras me esperabas. Tranquila, no soy violento, esto es… degradante. Debería marcharme.
- ¡Nicolás! Si sólo te quedan unas horas… yo… tengo el día libre.
Ada se baja uno de los tirantes insinuante y pestañea con un halo de sonrisa en los labios. Coge el mando del equipo de música, aprieta un botón y empieza a sonar una canción de Amiee Mann: “Deathly”. Nicolás sonríe y respira con aceptación. Durante el sexo ella no deja de gritar y él no deja de observar cada centímetro de su piel con avidez.
- Solía besarte este lunar de aquí… Era mi pista de aterrizaje, mi punto de conexión. Me gustaba pensar que me pertenecía
- Amor…
- Ya sé que no me pertenece, ni tampoco al tipo que espera en la calle dando vueltas como un perro en celo. Yo… podría devoraros a los dos de una sentada, sabes?
- Sé que eres una buena persona, la mejor que he conocido. Alguien que nunca me merecí. Sé que habría cambiado por ti.
Nicolás se levanta bruscamente, con un nudo en la garganta se viste con harapos y se despide de Ada sin palabras, con un beso y un estrecho abrazo. Ada vuelve a apretar un botón del equipo de música, suena “wise up”. Nicolás aprieta suavemente su frente contra la de ella.
- Siempre tan oportuna…
- Habría cambiado, por ti. Habría sido sólo quien era cuando estábamos juntos.
Nicolás se levanta conteniendo la respiración y se va sin terminar de escuchar su canción preferida. Desde la calle mira hacia arriba, ve llegar a otro hombre, Ada le sonríe y hace gestos teatrales. Nicolás camina hasta el puerto llorando sin importarle las caras raras que provoca a su paso, decide arrojarse al mar con la esperanza de disolverse como una aspirina. Tarda tres días en lograrlo, tres días flotando a la deriva hacia el interior del mediterráneo, hacia la isla de Elba.
- Cariño… creía que ya no estabas.
- Ya, yo también lo creía, pero aquí estoy. ¿Se me nota demasiado?
- Apenas amor, apenas… todavía hueles a ti, los ojos te brillan casi igual. Ven, sí, tus besos son igual de buenos.
- ¿De veras? Yo casi no lo siento. Bueno si, siento como si fueran un recuerdo. Mira, te toco ahora mismo y en lugar de sentirlo, el tacto se convierte en el recuerdo de cuando solía tocarte así.
- Amor, qué cosas más raras dices…
- También te quiero como en un recuerdo, como si no fuera ahora.
- Me quieres hacer llorar, y no voy a llorar.
- No Ada, sólo te quiero hacer comprender… empiezo a oler mal, no debería estar ya aquí.
- Deja de decir tonterías, hueles tan bien como siempre, tal vez un poquito más, pero sólo es más de ti.
- Ada, ni si quiera sé cómo he llegado hasta Tánger. Tampoco sé qué haces tú aquí, lo que sé seguro es que con este calor me descompondré en cuestión de horas. Así que niñita, tenemos que despedirnos de una vez…
Ada se coge la tripa y mira a su alrededor, como si quisiera esconder algo que ha quedado a la vista, pero no se mueve. La habitación huele a flores secas, sobre la mesilla hay dos vasos de agua a medio beber y una revista de moda americana.
- ¿Dónde quieres pasar el día amorcito?
- Entre tus brazos Ada, déjame abrazarte… otra vez, me veo en aquella playa de Elba, contigo acurrucada como ahora, respirando muy profundamente. Parecías tan pequeña y al mismo tiempo tan… importante, lo más importante de mi vida. Siempre fuiste tú, y cada uno de esos días en la costa italiana fue lo más real que viví.
- Sí, lo fue. Yo no sabía que se puede ser así de feliz, por eso me extrañó tanto que desaparecieses cuando volvimos… y que volviéramos, ¿por qué Nicolás? Creía que habíamos decidido quedarnos allí, no era una locura, teníamos planes, tenían sentido…
A Nicolás se le escapa una lágrima del ojo izquierdo que resulta ser sangre, evita que Ada la vea limpiándose rápidamente la azulada mejilla. Tiene que contenerse para no romper a llorar sangre violentamente.
- Ada… Yo quería, sabes que quería quedarme allí, pero tenía algunas obligaciones en Madrid que no pude eludir. No te lo dije entonces porque creía que era algo que había salido de mi vida. Estaba casado, divorciado. Tenía un niño que mi ex-mujer no me dejaba ver, llevaba años sin saber de ellos, sin saber dónde estaban y llegaste tú, me devolviste a la vida y justo entonces reaparecieron. Mi hijo había enfermado, podía ser muy grave. Yo no quería pero él es… no podía, ¿entiendes?.
- Amor, desapareciste, sin decir nada. Y luego esa nota, creí volverme loca, cada vez que intentaba olvidarte llegaba una nueva noticia tuya que me obligaba a continuar creyendo en ti.
- Sólo fueron dos notas… no me dio tiempo de más.
- Y el certificado, el certificado amor. Cuando volví a Madrid y lo vi en el hospital…
- Pero no perdiste el tiempo, ¿no? Sabes, yo… yo no soy tonto, no era tonto. Siempre igual con las mujeres, si fuese agresivo me podría vengar ahora con mucha facilidad y nadie podría detenerme. Ninguno de tus chulos, ni todos a la vez entrando por esa puerta, aunque entrasen todos los marineros mediterráneos que te has tirado mientras me esperabas. Tranquila, no soy violento, esto es… degradante. Debería marcharme.
- ¡Nicolás! Si sólo te quedan unas horas… yo… tengo el día libre.
Ada se baja uno de los tirantes insinuante y pestañea con un halo de sonrisa en los labios. Coge el mando del equipo de música, aprieta un botón y empieza a sonar una canción de Amiee Mann: “Deathly”. Nicolás sonríe y respira con aceptación. Durante el sexo ella no deja de gritar y él no deja de observar cada centímetro de su piel con avidez.
- Solía besarte este lunar de aquí… Era mi pista de aterrizaje, mi punto de conexión. Me gustaba pensar que me pertenecía
- Amor…
- Ya sé que no me pertenece, ni tampoco al tipo que espera en la calle dando vueltas como un perro en celo. Yo… podría devoraros a los dos de una sentada, sabes?
- Sé que eres una buena persona, la mejor que he conocido. Alguien que nunca me merecí. Sé que habría cambiado por ti.
Nicolás se levanta bruscamente, con un nudo en la garganta se viste con harapos y se despide de Ada sin palabras, con un beso y un estrecho abrazo. Ada vuelve a apretar un botón del equipo de música, suena “wise up”. Nicolás aprieta suavemente su frente contra la de ella.
- Siempre tan oportuna…
- Habría cambiado, por ti. Habría sido sólo quien era cuando estábamos juntos.
Nicolás se levanta conteniendo la respiración y se va sin terminar de escuchar su canción preferida. Desde la calle mira hacia arriba, ve llegar a otro hombre, Ada le sonríe y hace gestos teatrales. Nicolás camina hasta el puerto llorando sin importarle las caras raras que provoca a su paso, decide arrojarse al mar con la esperanza de disolverse como una aspirina. Tarda tres días en lograrlo, tres días flotando a la deriva hacia el interior del mediterráneo, hacia la isla de Elba.
martes, 9 de junio de 2009
sábado, 6 de junio de 2009
ejercicio 8
Richard le había prometido que no tardarían demasiado, pero en cuanto entró en el estudio y vió las botellas de vino blanco dispuestas, comprendió que la cosa iba para largo. Empezó por elegir el vestuario más adecuado, habían escogido algunos vestidos absurdamente recatados, uno especialmente bonito pero en el que no le cabía el pecho, y por fin, uno brillante, lleno de lentejuelas, con escote de infarto, ese, ese sería.
El vestido le quedaba como un guante y con media copa de vino empezó a animarse, pudo olvidar el reloj y dejar que la peinaran como parte del juego. Sólo esperaba que Arthur no se enfadara si la cosa se alargaba demasiado, pero incluso esa preocupación fue disipándose trago a trago. No, mejor se pintaría ella sola, los demás nunca sabían dar ese toque… la sesión sería un desastre si lo hacía otro, tendría que descartar todas las fotografías y Arthur la acusaría de caprichosa.
Una vez preparada, tocaba escuchar, a Richard le encantaba explicarse más de lo necesario. A veces le hacía sentir como si creyese que era una novata, casi conseguía enfadarla con esas explicaciones interminables sobre el “personaje que representaba” esa tarde. En realidad era el de siempre, aunque los intentasen vestir de distinta manera, todos sus personajes eran gemelas, tontitas, guapas, listas para ser admiradas y deseadas. Lo de admiradas era lo que le decían a la cara, pero sabía perfectamente que no era verdad, esa clase de admiración que la gente proclamaba a su alrededor era de una falsedad repugnante.
Tras cinco minutos de atender como una niña buena en clase de matemáticas, comenzó el espectáculo. Dejó las pretensiones de Richard por debajo de la ejecución, el vestido era genial y con los complementos podía inventar nuevas poses hasta el infinito, sonreír, disfrutar de la experiencia para los demás.
Habían traído unas pieles de tigre, preciosas, y un peluche encantador. Se puso a la altura de esos restos de pelo animal con su mejor sonrisa, se convenció a si misma de la naturalidad del asunto con un nuevo trago. La cosa iba genial, las pieles volaban a su alrededor, se sentía flotar en un cielo amable y suave, tan reconfortante como el tacto de la Chinchilla.
Ahora era una presa del peluche de tigre, ahora su confidente, sonriendo a la cámara mientras apoyaba su brazo sobre la pata del inocente animal. Fin de los peluches: tocaba tumbarse sobre un sillón, dejar que los focos calentasen su frágil piel para que el vestido la hiciese brillar tanto como se merecía, de lado, para que su pecho se desbordase. Echando la cabeza hacia atrás y abriendo sutilmente los labios, daba la impresión de estar siendo poseída por un macho, era una de sus poses más conseguidas. Con aquel vestido el efecto era perfecto, los senos se rozaban uno contra otro, el de arriba casi se salía del vestido, que diablos, se salía, todo lo que puede salirse sin llegar a enseñar el pezón.
El calor de la luz le daba más sed, necesitaba más vino frío, una toalla y un descanso. Aún no era posible, faltaban un par de poses más sobre el sillón y luego algunos tiros con ella de pie; menuda novedad, hasta ahora se había pasado toda la sesión tumbada. Las últimas fotografías sobre el sillón no fueron agradables, mientras Richard las tomaba sintió que la forzaba, y se preguntó si no era en parte culpa suya por la maldita pose de cabeza hacia atrás.
Cuando al fin le pidió que se sentase, recuperó la sonrisa genuinamente alegre. Muy bien, volvía a dominar la situación. Alguien dijo que eran las siete, habían pasado tres horas desde que empezaron. Le sorprendió porque, a pesar del agotamiento, se veía con fuerzas para darlo todo de pie, una vez más, ahora sin complementos, sólo ella y su imaginación para conquistar sola a la cámara en 40 tomas más.
Richard sugirió que tal vez podría bailar, igual que en sus películas, bailar con esa preciosa sonrisa pintada. El descanso llegó al fin. No se aguantaba de pie, se sentó en un rincón con agua y vino para recuperar el tono. Al sentarse sola, la sonrisa se borró de golpe, durante algunos minutos pudo relajar el gesto, pero seguía contenida, reprimiéndose todo lo posible para no romper a llorar. O no, tal vez si hubiera estado sola, habría sido similar.
Richard Avedon se acercó con la cámara, se hizo notar como pidiendo permiso, pero Norma ni si quiera le miró. Permitió que la fotografiase como a las bestias del zoo.
El vestido le quedaba como un guante y con media copa de vino empezó a animarse, pudo olvidar el reloj y dejar que la peinaran como parte del juego. Sólo esperaba que Arthur no se enfadara si la cosa se alargaba demasiado, pero incluso esa preocupación fue disipándose trago a trago. No, mejor se pintaría ella sola, los demás nunca sabían dar ese toque… la sesión sería un desastre si lo hacía otro, tendría que descartar todas las fotografías y Arthur la acusaría de caprichosa.
Una vez preparada, tocaba escuchar, a Richard le encantaba explicarse más de lo necesario. A veces le hacía sentir como si creyese que era una novata, casi conseguía enfadarla con esas explicaciones interminables sobre el “personaje que representaba” esa tarde. En realidad era el de siempre, aunque los intentasen vestir de distinta manera, todos sus personajes eran gemelas, tontitas, guapas, listas para ser admiradas y deseadas. Lo de admiradas era lo que le decían a la cara, pero sabía perfectamente que no era verdad, esa clase de admiración que la gente proclamaba a su alrededor era de una falsedad repugnante.
Tras cinco minutos de atender como una niña buena en clase de matemáticas, comenzó el espectáculo. Dejó las pretensiones de Richard por debajo de la ejecución, el vestido era genial y con los complementos podía inventar nuevas poses hasta el infinito, sonreír, disfrutar de la experiencia para los demás.
Habían traído unas pieles de tigre, preciosas, y un peluche encantador. Se puso a la altura de esos restos de pelo animal con su mejor sonrisa, se convenció a si misma de la naturalidad del asunto con un nuevo trago. La cosa iba genial, las pieles volaban a su alrededor, se sentía flotar en un cielo amable y suave, tan reconfortante como el tacto de la Chinchilla.
Ahora era una presa del peluche de tigre, ahora su confidente, sonriendo a la cámara mientras apoyaba su brazo sobre la pata del inocente animal. Fin de los peluches: tocaba tumbarse sobre un sillón, dejar que los focos calentasen su frágil piel para que el vestido la hiciese brillar tanto como se merecía, de lado, para que su pecho se desbordase. Echando la cabeza hacia atrás y abriendo sutilmente los labios, daba la impresión de estar siendo poseída por un macho, era una de sus poses más conseguidas. Con aquel vestido el efecto era perfecto, los senos se rozaban uno contra otro, el de arriba casi se salía del vestido, que diablos, se salía, todo lo que puede salirse sin llegar a enseñar el pezón.
El calor de la luz le daba más sed, necesitaba más vino frío, una toalla y un descanso. Aún no era posible, faltaban un par de poses más sobre el sillón y luego algunos tiros con ella de pie; menuda novedad, hasta ahora se había pasado toda la sesión tumbada. Las últimas fotografías sobre el sillón no fueron agradables, mientras Richard las tomaba sintió que la forzaba, y se preguntó si no era en parte culpa suya por la maldita pose de cabeza hacia atrás.
Cuando al fin le pidió que se sentase, recuperó la sonrisa genuinamente alegre. Muy bien, volvía a dominar la situación. Alguien dijo que eran las siete, habían pasado tres horas desde que empezaron. Le sorprendió porque, a pesar del agotamiento, se veía con fuerzas para darlo todo de pie, una vez más, ahora sin complementos, sólo ella y su imaginación para conquistar sola a la cámara en 40 tomas más.
Richard sugirió que tal vez podría bailar, igual que en sus películas, bailar con esa preciosa sonrisa pintada. El descanso llegó al fin. No se aguantaba de pie, se sentó en un rincón con agua y vino para recuperar el tono. Al sentarse sola, la sonrisa se borró de golpe, durante algunos minutos pudo relajar el gesto, pero seguía contenida, reprimiéndose todo lo posible para no romper a llorar. O no, tal vez si hubiera estado sola, habría sido similar.
Richard Avedon se acercó con la cámara, se hizo notar como pidiendo permiso, pero Norma ni si quiera le miró. Permitió que la fotografiase como a las bestias del zoo.
viernes, 29 de mayo de 2009
Bérénice
Bérénice, de Jean Racine, es una de esas obras de teatro sobrecogedoras con un momento cumbre.. Cuando Titus anuncia a Bérénice, después de 5 años prometiéndole amor eterno, matrimonio y todo lo que suelen prometer los enamorados.. la abandona para poder conservar su poder en Roma. Todo porque el Senado no le permite casarse con una reina extranjera.
La pobre Bérénice se desgarra de dolor... comme ça:
Bérénice
Eh bien ! régnez, cruel, contentez votre gloire :
Je ne dispute plus. J'attendais, pour vous croire,
Que cette même bouche, après mille serments
D'un amour qui devait unir tous nos moments,
Cette bouche, à mes yeux s'avouant infidèle,
M'ordonnât elle-même une absence éternelle.
Moi-même j'ai voulu vous entendre en ce lieu.
Je n'écoute plus rien, et pour jamais: adieu...
Pour jamais ! Ah, Seigneur! songez-vous en vous-même
Combien ce mot cruel est affreux quand on aime ?
Dans un mois, dans un an, comment souffrirons-nous,
Seigneur, que tant de mers me séparent de vous ?
Que le jour recommence et que le jour finisse,
Sans que jamais Titus puisse voir Bérénice,
Sans que de tout le jour je puisse voir Titus ?
Mais quelle est mon erreur, et que de soins perdus !
L'ingrat, de mon départ consolé par avance,
Daignera-t-il compter les jours de mon absence ?
Ces jours si longs pour moi lui sembleront trop courts.
Es de una belleza sobrecogedora... en este pequeño extracto de alejandrinos, Bérénice se separa poco a poco de Titus, al principio se dirige a él directamente, al final acaba diciendo "lui" ("le", es decir, habla de él en tercera persona, como si se empezase a alejar). La palabra "adios" le duele y se nota.. y la desesperación al pensar que nunca más verá al que ha amado durante cinco años, en quien depositaba todas sus esperanzas de futuro (Dans un mois, dans un an, comment souffrirons-nous,Seigneur, que tant de mers me séparent de vous ?Que le jour recommence et que le jour finisse,Sans que jamais Titus puisse voir Bérénice,Sans que de tout le jour je puisse voir Titus ?) es descrito con una delicadeza extraordinaria.
En la película "Le goût des autres" la actriz Anne Alvaro interpreta este mismo extracto.
La pobre Bérénice se desgarra de dolor... comme ça:
Bérénice
Eh bien ! régnez, cruel, contentez votre gloire :
Je ne dispute plus. J'attendais, pour vous croire,
Que cette même bouche, après mille serments
D'un amour qui devait unir tous nos moments,
Cette bouche, à mes yeux s'avouant infidèle,
M'ordonnât elle-même une absence éternelle.
Moi-même j'ai voulu vous entendre en ce lieu.
Je n'écoute plus rien, et pour jamais: adieu...
Pour jamais ! Ah, Seigneur! songez-vous en vous-même
Combien ce mot cruel est affreux quand on aime ?
Dans un mois, dans un an, comment souffrirons-nous,
Seigneur, que tant de mers me séparent de vous ?
Que le jour recommence et que le jour finisse,
Sans que jamais Titus puisse voir Bérénice,
Sans que de tout le jour je puisse voir Titus ?
Mais quelle est mon erreur, et que de soins perdus !
L'ingrat, de mon départ consolé par avance,
Daignera-t-il compter les jours de mon absence ?
Ces jours si longs pour moi lui sembleront trop courts.
Es de una belleza sobrecogedora... en este pequeño extracto de alejandrinos, Bérénice se separa poco a poco de Titus, al principio se dirige a él directamente, al final acaba diciendo "lui" ("le", es decir, habla de él en tercera persona, como si se empezase a alejar). La palabra "adios" le duele y se nota.. y la desesperación al pensar que nunca más verá al que ha amado durante cinco años, en quien depositaba todas sus esperanzas de futuro (Dans un mois, dans un an, comment souffrirons-nous,Seigneur, que tant de mers me séparent de vous ?Que le jour recommence et que le jour finisse,Sans que jamais Titus puisse voir Bérénice,Sans que de tout le jour je puisse voir Titus ?) es descrito con una delicadeza extraordinaria.
En la película "Le goût des autres" la actriz Anne Alvaro interpreta este mismo extracto.
martes, 26 de mayo de 2009
Fumar perjudica la salud de los que le rodean
Hay un hombre delante de los cines Novedades, lleva 20 minutos dando pequeños paseos sobre el primer escalón, jugando con un cigarrillo mentolado entre los dedos. El caballero tiene pelo rizado y gris, viste una camisa morado oscuro, pantalones y abrigo negros.
El cine sigue cerrado, lleva 18 años así, pero el hombre mira incesantemente los carteles que aún cuelgan en las paredes, son de Dick Tracy. Aunque el cigarrillo es para dejar de fumar, no se lo lleva a la boca en ningún momento, de vez en cuando lo mira con los ojos muy abiertos, pero sigue jugando con él entre los dedos.
Los carteles de Dick Tracy están amarillentos, un par de ellos medio caídos y otro medio quemado. El hombre se rasca el cuero cabelludo y una nube de caspa cae sobre sus hombros.
Uno de los bolsillos empieza a vibrar, una anciana pasa a su lado con un perro de tamaño medio/pequeño. El perro parece ladrar al hombre, la boca le babea, escupe al tiempo que ladra y la anciana intenta retenerle sin demasiado éxito. El hombre saca un móvil del bolsillo y contesta, pero ahora la anciana y el perro hacen gestos agresivos mientras parecen gritar.
El caballero se tapa un oído mientras se encoje e intenta escuchar por el otro lo que le dicen en el móvil. El cigarrillo mentolado cae al suelo, el hombre aparta el móvil del oído y les indica que se callen, no se sabe si pidiéndolo u ordenándolo. El perro tira fuerte de la correa y cuando consigue soltarse tirando a su dueña al suelo, se acerca al cigarrillo, lo huele y se lo come.
Ahora es el hombre el que parece muy enfadado con la mujer, hace gestos con la mano señalando al perro y a la señora. El perro se ha quedado muy tranquilo desde que se comió el cigarrillo, mira a su dueña y al caballero discutir sin abrir el hocico.
La anciana se sitúa entre el hombre y el perro, tiene cara de asustada, el hombre está cada vez más colorado y sus gestos hacia el perro son continuos, sobre todo con la mano en la que antes tenía el cigarrillo. La mujer junta las manos, como si rezara y unas lágrimas se le escapan por el rabillo del ojo, el hombre la aparta violentamente y da una patada al animal que sale despedido, vuela por el aire y cae en el túnel del aparcamiento subterráneo.
La anciana se queda parada, con los ojos muy abiertos mirando hacia el túnel, el hombre también mira hacia el túnel sin mover nada más que la mano en la que ya no hay cigarrillo. La mujer reacciona, sale corriendo hacia el túnel con una agilidad impropia para su aparente edad. El hombre no se mueve del sitio, la mujer regresa con el perro en los brazos, parece muerto, el vestido y las manos de la mujer están llenos de sangre.
La mujer pone el animal delante del hombre y le habla con aparente tranquilidad, él asiente y contesta algo. Hablan durante unos minutos con el cuerpo del animal muerto entre ambos, después él pone una mano sobre el hombro de ella, que a su vez saca un par de cigarrillos “Ducados” de su bolso.
El caballero y la anciana fuman sentados en los escalones, mirando al perro muerto con mucha tranquilidad, cuando acaban de fumar vuelven a hablar un poco, él vuelve a ponerle la mano en el hombro, ella se la acaricia suavemente. Se despiden, la mujer lanza una última mirada al animal, no llora ni dedica al perro más de cinco segundos mirándolo, después se marcha.
La zona se queda desierta, el cuerpo del animal reposa junto a las escaleras del cine y un par de palomas se acercan a él. Cuando anochece nadie lo ha visto aún, será un barrendero quien, de madrugada, lo recoja y se lo lleve por “sanidad pública”.
El cine sigue cerrado, lleva 18 años así, pero el hombre mira incesantemente los carteles que aún cuelgan en las paredes, son de Dick Tracy. Aunque el cigarrillo es para dejar de fumar, no se lo lleva a la boca en ningún momento, de vez en cuando lo mira con los ojos muy abiertos, pero sigue jugando con él entre los dedos.
Los carteles de Dick Tracy están amarillentos, un par de ellos medio caídos y otro medio quemado. El hombre se rasca el cuero cabelludo y una nube de caspa cae sobre sus hombros.
Uno de los bolsillos empieza a vibrar, una anciana pasa a su lado con un perro de tamaño medio/pequeño. El perro parece ladrar al hombre, la boca le babea, escupe al tiempo que ladra y la anciana intenta retenerle sin demasiado éxito. El hombre saca un móvil del bolsillo y contesta, pero ahora la anciana y el perro hacen gestos agresivos mientras parecen gritar.
El caballero se tapa un oído mientras se encoje e intenta escuchar por el otro lo que le dicen en el móvil. El cigarrillo mentolado cae al suelo, el hombre aparta el móvil del oído y les indica que se callen, no se sabe si pidiéndolo u ordenándolo. El perro tira fuerte de la correa y cuando consigue soltarse tirando a su dueña al suelo, se acerca al cigarrillo, lo huele y se lo come.
Ahora es el hombre el que parece muy enfadado con la mujer, hace gestos con la mano señalando al perro y a la señora. El perro se ha quedado muy tranquilo desde que se comió el cigarrillo, mira a su dueña y al caballero discutir sin abrir el hocico.
La anciana se sitúa entre el hombre y el perro, tiene cara de asustada, el hombre está cada vez más colorado y sus gestos hacia el perro son continuos, sobre todo con la mano en la que antes tenía el cigarrillo. La mujer junta las manos, como si rezara y unas lágrimas se le escapan por el rabillo del ojo, el hombre la aparta violentamente y da una patada al animal que sale despedido, vuela por el aire y cae en el túnel del aparcamiento subterráneo.
La anciana se queda parada, con los ojos muy abiertos mirando hacia el túnel, el hombre también mira hacia el túnel sin mover nada más que la mano en la que ya no hay cigarrillo. La mujer reacciona, sale corriendo hacia el túnel con una agilidad impropia para su aparente edad. El hombre no se mueve del sitio, la mujer regresa con el perro en los brazos, parece muerto, el vestido y las manos de la mujer están llenos de sangre.
La mujer pone el animal delante del hombre y le habla con aparente tranquilidad, él asiente y contesta algo. Hablan durante unos minutos con el cuerpo del animal muerto entre ambos, después él pone una mano sobre el hombro de ella, que a su vez saca un par de cigarrillos “Ducados” de su bolso.
El caballero y la anciana fuman sentados en los escalones, mirando al perro muerto con mucha tranquilidad, cuando acaban de fumar vuelven a hablar un poco, él vuelve a ponerle la mano en el hombro, ella se la acaricia suavemente. Se despiden, la mujer lanza una última mirada al animal, no llora ni dedica al perro más de cinco segundos mirándolo, después se marcha.
La zona se queda desierta, el cuerpo del animal reposa junto a las escaleras del cine y un par de palomas se acercan a él. Cuando anochece nadie lo ha visto aún, será un barrendero quien, de madrugada, lo recoja y se lo lleve por “sanidad pública”.
jueves, 21 de mayo de 2009
Turner. Rain, steam and speed
El salón parecía haberse quedado en una época muy anterior a la modernidad que reflejaban las fotografías, se trataba de un espacio romántico, los cuadros eran reproducciones de Turner. Al apartar la hiedra encontró una copia de “lluvia, vapor y velocidad”, sin saber, claro está, lo que tenía delante. En otra pared se escondía la “tormenta de nieve”, con todo su pesimismo convenientemente tapado. Audrey no sabía nada sobre Turner, pero le pareció curioso encontrar tanta lluvia y vapor de agua dentro de su bosque selvático, en unos cuadros que parecían ventanas con vistas mucho más lógicas para ese interior que la ciudad.viernes, 15 de mayo de 2009
Dustin O'Halloran
Un descubrimiento: Dustin O'Halloran es un compositor que ha publicado dos discos "piano solos". Algunas de sus composiciones aparecían en "Marie Antoinette", de Sofía Coppola, pero por lo que he podido oir, muchas otras merecen la pena...
Os dejo una para abrir boca. Si alguien encuentra un sitio en Madrid donde vendan sus discos... que me lo diga!!!
Esta es su web: http://www.dustinohalloran.com/
y este su trabajo:
http://www.goear.com/listen.php?v=ff4793a
Os dejo una para abrir boca. Si alguien encuentra un sitio en Madrid donde vendan sus discos... que me lo diga!!!
Esta es su web: http://www.dustinohalloran.com/
y este su trabajo:
http://www.goear.com/listen.php?v=ff4793a
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