Hoy también corría una brisa muy fría al salir de casa. Hace días que el tiempo cambió, pero aún no me he decidido a sacar el abrigo por la mañana. Siempre odié el verano y sin embargo este año me cuesta despegarme de la ropa liviana y el espíritu relajado de las mañanas cálidas.
Cada día cuesta un minuto más despegarse de las mantas y cinco decidir la ropa que será más apropiada, para el trabajo y para el clima. Estaría bien ser uno de esos niños de uniforme, arrastran mochilas con ruedas y pisotean charcos como si todos fueran el mismo.
Hoy he decidido ser también la misma a los demás, es decir, no ser nadie. He metido el brazo en el armario y he sacado una blusa blanca que me regaló mi ex, una falda por debajo de las rodillas y medias de monja. Al mirarme en el espejo casi no podía reconocerme, parecía una enorme cucaracha acosando a un cuarto lleno de orquideas y colores alegres en las estanterías.
Al salir de casa mi complejo de cucaracha se ha ido disolviendo con mis zancadas cortas camino del tren. Mucho antes de llegar a la estación había conseguido hacerme invisible, como un super héroe espiando a los tiburones de Wall Street, transformado en algo parecido a ellos, pero que nadie ve.
Un par de mujeres con tacones han estado a punto de taladrarme el dedo gordo del pie, las he esquivado sin que me sintieran, después un hombre ha chocado contra mi y su carísimo café triple se ha derramado manchándole un poco el pantalón. No me ha dicho nada, parecía creer que había tropezado consigo mismo, incluso se ha dicho "mira que eres imbécil Sebastian". Dos metros más adelante he tenido que girar 45º para coger la calle ancha que me lleva al tren express y un viento helado me ha sorprendido mientras repetía en mi cabeza "Sebastian, Sebastian, Sebastian".
Entonces he pensado en el invierno en el bosque, en los lobos andando sobre la nieve, en ese libro que habla sobre el último invierno de un lobo y me he preguntado si una cucaracha puede convertirse en lobo, aunque sea uno viejo. Si el esqueleto externo puede meterse para dentro y sacar una piel suave y peluda para sustituirlo, un aspecto más majestuoso, más poético y ajeno a los Sebastianes de mi ciudad.
No me entiendan mal, adoro el nombre de "Sebastian", pero pienso que para sobrevivir al frío y al riesgo diario de aplastamiento en el camino al trabajo, deben de ayudar más una piel tupida y una fila de dientes afilados.
Aunque sólo sea para darle a uno más confianza en si mismo y para no tener que dedicar tantos minutos cada mañana a despegar mantas y elegir vestido
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martes, 22 de septiembre de 2009
jueves, 9 de octubre de 2008
New York Daily Photo
Desde que comencé el blog uno de mis links amigos ha sido el blog "New York Daily Photo". Aún no he dejado ningún comentario en él, pero es uno de los mejores que conozco, de visita diaria obligatoria.No se por qué, pero el otoño me hace pensar en Nueva York (aunque sólo he estado allí en verano). Creo que, de entre todas las ciudades que conozco, los otoños más bonitos están en Nueva York y en París. Dentro de unos meses me iré a vivir a París, volveré a disfrutar de sus otoños (otoños indefinidos, espero) y quién sabe si algún día me animaré a cruzar el charco para vivir unos cuantos otoños neoyorkinos seguidos... ¡me parece una posibilidad bastante factible!
Este otoño trae buenas noticias para mi, casi cada día cae alguna, como pequeños regalos... me encanta el frío, me encantan las bebidas calientes como el chocolate y el té con miel, me encanta comenzar un nuevo curso y encontrar tanta gente con la que congenio... Y por supuesto, me encanta saber que con un poco de suerte acabo la universidad en enero, y que pase lo que pase entonces, en febrero marcho a París para vivir, estudiar en la École du louvre, escribir, tener un perro, recibir visitas de los buenos amigos que estoy haciendo estas semanas...
¡Se me va la cabeza pensando en el futuro cercano! Pensad en calabazas, en árboles de colores, amarillos, naranjas y rojos, esa es mi imagen de Nueva York en otoño... en París se cambian las calabazas por castañas, jeje. En fin, como queda mucho tiempo hasta que llegue el momento de trasladarse a Nueva York, por ahora me conformo con ver las fotos que Brian aporta diariamente en su blog y con leer sus historias sobre la ciudad. Creo que muchos cineastas podrías hacer películas trepidantes si se pusieran a repasar los posts que este hombre ha escrito en los últimos dos años y pico.
Echarle un ojo con una buena taza de café, té o chocolate caliente... preferiblemente si llueve:
http://newyorkdailyphoto.blogspot.com/
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