Han sido unos años de reflexión viviendo en esta casa de hojalata. Frente al mar parece que todo queda más despejado, incluso cuando hay tormenta y se borra la linea entre agua y cielo, confundiéndolos absolutamente.
Mi casa de hojalata también tiende a confundirse en los días de tormenta. Tanto gris, tan lejos de la ciudad. Hay días en que el estado de ánimo se empeña en perseguirnos hasta en las formas más absurdas e inusitadas. No me gusta el romanticismo del diecinueve, ni la opacidad de las ciudades. Son igual de ridículos.
En mi casa hace frío en cuanto acaba septiembre. Mi sillón de felpa vieja coge más humedad a partir de entonces y a mi me cuesta encontrar abrigo que ayude a espantar los escalofríos que van de dentro a fuera, garantizando así una sensación homogénea de entumecimiento. Al sillón le han salido agujeros, pequeños herpes de vacío que lo desfiguran o sólo lo transforman, algo menos negativo, aunque no menos dramático. Si supiera coser le daría puntadas allí donde la felpa se ha dejado ir por agotamiento, dejando escapar esputos, flemas de esa gomaespuma amarillenta o amarronada que con el tiempo se seca y se hace polvo al aplastarla (no así cuando está fresca, cuando aún es flexible como un niño y resulta imposible romperla en pedazos, se resiste más que el chicle. O que los niños). Supongo que si no actuo el sillón acabará convertido en restos de felpa sin relleno, una dura superficie de madera cubierta por jirones de falsa piel usada.
Llueve todos los días desde que acabó septiembre, y si no llueve el cielo se inventa la niebla para molestarme aún más. Mi casa de lata acusa cada día, cada lámina de agua más o menos sincera. La acusa con marcas de un marrón que para ella es mortecino y que poco a poco la va diferenciando del paisaje celeste, acercándola a la tierra oscura sobre la que descansa. Si fueramos intrépidos saltaríamos juntos, hacia arriba o hacia abajo, poco importa, un gris es reflejo del otro y nada más. Saltaríamos en un despegue sin precedentes, en una Incursión Intrépida, con la nave llena de palabras que empiecen por "i", que den cuenta de nuestro valor nada oxidado. Dejaríamos atrás esas exigencias tan elitistas de la NASA, que jamás permitiría a un hombre como yo salir del planeta, ni a una nave como mi casa pasar el primer control de resistencia.
Cada paso aquí parece el producto de un examen aprobado, sin lugar para esas exigencias de las que "todos los demás" parecen capaces, pero que para nadie llegan, o al menos no en el momento y la medida justa.
Esta noche preparo unos huevos fritos sobre esta sartén que bien podría haber servido de escudo para entrar y salir de la atmósfera varias veces (está casi tan desfondada como el sillón, mucho más negra, más tozuda en su empeño de cubrirse por una costra carbónica que la protege de mis envites nocturnos). La cocina mínima es un caos después de acabar de cenar, como cada jornada, y yo me pregunto cómo puede uno soportar, durante el viaje espacial, el hecho de que todo lo no limpiado ande danzando por el aire, como pequeñas moscas borrachas hechas de restos de uñas, de pegatinas con precios arrancadas de los libros (cuando se llevan la primera piel de la cubierta del libro, dedico cinco minutos a maldecir al vendedor, invariablemente), de ramitas que mantenían a los tomates unidos como siameses, de pepitas de manzana y trozos de papel doblados con un chicle usado en su interior (regalo sin destinatario).
Y entonces me digo que los viajes a la Luna o simplemente los paseos alrrededor de esta tierra tan decepcionante (no siempre, aunque casi sí), no son para mi ni para esta casa. Pienso que nuestro valor no es menos por ello, este marco y esta vida bien valen el respeto de los astronautas. Ellos no aguantarían tantos años frente al reflejo de ese universo al que ellos (no pueden evitar jactarse al respecto) se han acercado muy poco más que yo. Sus huesos no aguantarían allí lo que esta casa soporta desde que terminó este verano, y todos los anteriores.
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martes, 10 de noviembre de 2009
martes, 26 de mayo de 2009
Fumar perjudica la salud de los que le rodean
Hay un hombre delante de los cines Novedades, lleva 20 minutos dando pequeños paseos sobre el primer escalón, jugando con un cigarrillo mentolado entre los dedos. El caballero tiene pelo rizado y gris, viste una camisa morado oscuro, pantalones y abrigo negros.
El cine sigue cerrado, lleva 18 años así, pero el hombre mira incesantemente los carteles que aún cuelgan en las paredes, son de Dick Tracy. Aunque el cigarrillo es para dejar de fumar, no se lo lleva a la boca en ningún momento, de vez en cuando lo mira con los ojos muy abiertos, pero sigue jugando con él entre los dedos.
Los carteles de Dick Tracy están amarillentos, un par de ellos medio caídos y otro medio quemado. El hombre se rasca el cuero cabelludo y una nube de caspa cae sobre sus hombros.
Uno de los bolsillos empieza a vibrar, una anciana pasa a su lado con un perro de tamaño medio/pequeño. El perro parece ladrar al hombre, la boca le babea, escupe al tiempo que ladra y la anciana intenta retenerle sin demasiado éxito. El hombre saca un móvil del bolsillo y contesta, pero ahora la anciana y el perro hacen gestos agresivos mientras parecen gritar.
El caballero se tapa un oído mientras se encoje e intenta escuchar por el otro lo que le dicen en el móvil. El cigarrillo mentolado cae al suelo, el hombre aparta el móvil del oído y les indica que se callen, no se sabe si pidiéndolo u ordenándolo. El perro tira fuerte de la correa y cuando consigue soltarse tirando a su dueña al suelo, se acerca al cigarrillo, lo huele y se lo come.
Ahora es el hombre el que parece muy enfadado con la mujer, hace gestos con la mano señalando al perro y a la señora. El perro se ha quedado muy tranquilo desde que se comió el cigarrillo, mira a su dueña y al caballero discutir sin abrir el hocico.
La anciana se sitúa entre el hombre y el perro, tiene cara de asustada, el hombre está cada vez más colorado y sus gestos hacia el perro son continuos, sobre todo con la mano en la que antes tenía el cigarrillo. La mujer junta las manos, como si rezara y unas lágrimas se le escapan por el rabillo del ojo, el hombre la aparta violentamente y da una patada al animal que sale despedido, vuela por el aire y cae en el túnel del aparcamiento subterráneo.
La anciana se queda parada, con los ojos muy abiertos mirando hacia el túnel, el hombre también mira hacia el túnel sin mover nada más que la mano en la que ya no hay cigarrillo. La mujer reacciona, sale corriendo hacia el túnel con una agilidad impropia para su aparente edad. El hombre no se mueve del sitio, la mujer regresa con el perro en los brazos, parece muerto, el vestido y las manos de la mujer están llenos de sangre.
La mujer pone el animal delante del hombre y le habla con aparente tranquilidad, él asiente y contesta algo. Hablan durante unos minutos con el cuerpo del animal muerto entre ambos, después él pone una mano sobre el hombro de ella, que a su vez saca un par de cigarrillos “Ducados” de su bolso.
El caballero y la anciana fuman sentados en los escalones, mirando al perro muerto con mucha tranquilidad, cuando acaban de fumar vuelven a hablar un poco, él vuelve a ponerle la mano en el hombro, ella se la acaricia suavemente. Se despiden, la mujer lanza una última mirada al animal, no llora ni dedica al perro más de cinco segundos mirándolo, después se marcha.
La zona se queda desierta, el cuerpo del animal reposa junto a las escaleras del cine y un par de palomas se acercan a él. Cuando anochece nadie lo ha visto aún, será un barrendero quien, de madrugada, lo recoja y se lo lleve por “sanidad pública”.
El cine sigue cerrado, lleva 18 años así, pero el hombre mira incesantemente los carteles que aún cuelgan en las paredes, son de Dick Tracy. Aunque el cigarrillo es para dejar de fumar, no se lo lleva a la boca en ningún momento, de vez en cuando lo mira con los ojos muy abiertos, pero sigue jugando con él entre los dedos.
Los carteles de Dick Tracy están amarillentos, un par de ellos medio caídos y otro medio quemado. El hombre se rasca el cuero cabelludo y una nube de caspa cae sobre sus hombros.
Uno de los bolsillos empieza a vibrar, una anciana pasa a su lado con un perro de tamaño medio/pequeño. El perro parece ladrar al hombre, la boca le babea, escupe al tiempo que ladra y la anciana intenta retenerle sin demasiado éxito. El hombre saca un móvil del bolsillo y contesta, pero ahora la anciana y el perro hacen gestos agresivos mientras parecen gritar.
El caballero se tapa un oído mientras se encoje e intenta escuchar por el otro lo que le dicen en el móvil. El cigarrillo mentolado cae al suelo, el hombre aparta el móvil del oído y les indica que se callen, no se sabe si pidiéndolo u ordenándolo. El perro tira fuerte de la correa y cuando consigue soltarse tirando a su dueña al suelo, se acerca al cigarrillo, lo huele y se lo come.
Ahora es el hombre el que parece muy enfadado con la mujer, hace gestos con la mano señalando al perro y a la señora. El perro se ha quedado muy tranquilo desde que se comió el cigarrillo, mira a su dueña y al caballero discutir sin abrir el hocico.
La anciana se sitúa entre el hombre y el perro, tiene cara de asustada, el hombre está cada vez más colorado y sus gestos hacia el perro son continuos, sobre todo con la mano en la que antes tenía el cigarrillo. La mujer junta las manos, como si rezara y unas lágrimas se le escapan por el rabillo del ojo, el hombre la aparta violentamente y da una patada al animal que sale despedido, vuela por el aire y cae en el túnel del aparcamiento subterráneo.
La anciana se queda parada, con los ojos muy abiertos mirando hacia el túnel, el hombre también mira hacia el túnel sin mover nada más que la mano en la que ya no hay cigarrillo. La mujer reacciona, sale corriendo hacia el túnel con una agilidad impropia para su aparente edad. El hombre no se mueve del sitio, la mujer regresa con el perro en los brazos, parece muerto, el vestido y las manos de la mujer están llenos de sangre.
La mujer pone el animal delante del hombre y le habla con aparente tranquilidad, él asiente y contesta algo. Hablan durante unos minutos con el cuerpo del animal muerto entre ambos, después él pone una mano sobre el hombro de ella, que a su vez saca un par de cigarrillos “Ducados” de su bolso.
El caballero y la anciana fuman sentados en los escalones, mirando al perro muerto con mucha tranquilidad, cuando acaban de fumar vuelven a hablar un poco, él vuelve a ponerle la mano en el hombro, ella se la acaricia suavemente. Se despiden, la mujer lanza una última mirada al animal, no llora ni dedica al perro más de cinco segundos mirándolo, después se marcha.
La zona se queda desierta, el cuerpo del animal reposa junto a las escaleras del cine y un par de palomas se acercan a él. Cuando anochece nadie lo ha visto aún, será un barrendero quien, de madrugada, lo recoja y se lo lleve por “sanidad pública”.
miércoles, 11 de marzo de 2009
Jonathan y un té con miel
Yo me iría con Jonathan en bus around US... total, para lo que hay que hacer aquí... comer miel, poco más...
seguro que corriendo por USA en autobus tenía mejores ocurrencias, y si encima es con este caballero... saldría un libro que nadie compraría pero que me haría reir con solo mirarlo.
lunes, 9 de marzo de 2009
Un buen índice
Entre las abejas en mayo
Cocina a base de miel
El apicultor y la farmacopea apícola
Experimentos en el control del nosema
Esta semana en el colmenar
Lo último sobre la jalea real
Los poderes curativos del propóleos
Regurgitaciones
Cena anual de los apicultores británicos
Noticias de la Asociación
Me quedo con "esta semana en el colmenar", que da mucho que pensar...
Esta semana en el colmenar, encontraremos algunas novedades: se ha decidido cambiar el uso de un tercio de las colmenas. Con el repentino cambio de temperatura las abejas han quedado un poco aturdidas y, en un estado resacoso, han decidido reorganizarse para comenzar la colecta y producción de miel y jalea real lo antes posible.
Ayer por la mañana se llevó a cabo la primera reunión, de la que salieron ideas peligrosamente innovadoras. Tras la reunión a última hora de la tarde, las abejas obreras de más meses de vida llegaron a conclusiones más moderadas, aún así, muchas colmenas deberán cambiar la producción de miel por la de jalea real. La expansión de la colonia es ya una realidad inevitable, una realidad sobre la que se trabaja afanosamente desde el amanecer de hoy lunes. Entiéndase que más jalea real significa más reinas para nuevas colmenas.
Parece evidente que las abejas desean cambiar el rumbo de sus diminutas vidas y de paso dar mejores temas de conversación en las cenas anuales de los apicultores británicos. Un par de colmenas intentará, por segundo año consecutivo, producir un nuevo tipo de miel, más densa y calórica, con la que alimentar a nuevas generaciones de abejas guerreras. La mayoría de colmenas han prohibido tales experimentos, pero las dos colmenas del oeste no cesan en su empeño...
Total, que un día te despiertas, coges el coche y ves que por la carretera hay muchos árboles en flor... así es como llega la primavera, te das cuenta de que el invierno se ha pasado dolorosamente rápido, de que la primavera va a ser aún más dolorosa (mucho, muchísimo más) y de que, si a las abejas les ha pillado este cambio tan (perdón por la expresión) en bragas como a ti, pues mal vamos para la producción de miel de este año...
Ya si encima tenemos en cuenta que, cuanto peor se me ponen las cosas, más miel me da por zampar... puess...
Cocina a base de miel
El apicultor y la farmacopea apícola
Experimentos en el control del nosema
Esta semana en el colmenar
Lo último sobre la jalea real
Los poderes curativos del propóleos
Regurgitaciones
Cena anual de los apicultores británicos
Noticias de la Asociación
Me quedo con "esta semana en el colmenar", que da mucho que pensar...
Esta semana en el colmenar, encontraremos algunas novedades: se ha decidido cambiar el uso de un tercio de las colmenas. Con el repentino cambio de temperatura las abejas han quedado un poco aturdidas y, en un estado resacoso, han decidido reorganizarse para comenzar la colecta y producción de miel y jalea real lo antes posible.
Ayer por la mañana se llevó a cabo la primera reunión, de la que salieron ideas peligrosamente innovadoras. Tras la reunión a última hora de la tarde, las abejas obreras de más meses de vida llegaron a conclusiones más moderadas, aún así, muchas colmenas deberán cambiar la producción de miel por la de jalea real. La expansión de la colonia es ya una realidad inevitable, una realidad sobre la que se trabaja afanosamente desde el amanecer de hoy lunes. Entiéndase que más jalea real significa más reinas para nuevas colmenas.
Parece evidente que las abejas desean cambiar el rumbo de sus diminutas vidas y de paso dar mejores temas de conversación en las cenas anuales de los apicultores británicos. Un par de colmenas intentará, por segundo año consecutivo, producir un nuevo tipo de miel, más densa y calórica, con la que alimentar a nuevas generaciones de abejas guerreras. La mayoría de colmenas han prohibido tales experimentos, pero las dos colmenas del oeste no cesan en su empeño...
Total, que un día te despiertas, coges el coche y ves que por la carretera hay muchos árboles en flor... así es como llega la primavera, te das cuenta de que el invierno se ha pasado dolorosamente rápido, de que la primavera va a ser aún más dolorosa (mucho, muchísimo más) y de que, si a las abejas les ha pillado este cambio tan (perdón por la expresión) en bragas como a ti, pues mal vamos para la producción de miel de este año...
Ya si encima tenemos en cuenta que, cuanto peor se me ponen las cosas, más miel me da por zampar... puess...
domingo, 8 de marzo de 2009
bizcocho y fechas
He hecho un bizcocho de café, pasas y almendras, prueba un poco. Si quieres le echamos aquella miel... te acuerdas? deben haber pasado ya muchos meses, igual ya caducó pero es que ni si quiera la abrimos, bah, seguro que está bien, las etiquetas mienten descaradamente.
La etiqueta dice, "consumir preferentemente ante de fin: 12/08", para empezar es una frase mal construida y para seguir ¿qué leches significa preferentemente? ¿que después mejor tirar el contenido pero allá tu? Me suena eso... ese "mira chica, allá tu" y así todo arreglado, la empresa que produce la comida, las personas que te rodean, todos se lavan las manos señalando un par de cifras y añadiendo un "allá tu, yo no puedo hacer más por ti".
Una se mete en la cocina, hace un bizcocho sin fecha de caducidad, que desde luego estará duro como una piedra dentro de una semana.. pero no hay fecha de caducidad, si quieres puedes roerlo poco a poco dentro de un mes, seguro que sigue siendo comestible.
Nada, la gente no se quiere mojar y pone cifras por todas partes como si eso les fuese a salvar del limbo o mejor, a dejarles allí en un estado de "yo fui honesto, di todos los datos que tenía". Eso es exactamente, dar datos en lugar de apostar a que, por malo que esté este bizcocho dentro de un tiempo, seguirá siendo comestible y hasta divertido el coger pequeñas migas para jugar con ellas entre los dientes.
¿Y si te sienta mal? Pues si te sienta mal, te pasas una semana en la cama (como muchísimo) y a tirar para adelante, que nadie se ha muerto por probar un bizcocho pelin mohoso... al paso que vamos sustituiremos las papilas gustativas por cifras delante de los ojos, ¿no está el sentido del gusto para indicarnos cuándo la comida está mala? Pues eso, si el bizcocho ha acogido a una afable familia de hongos y lo pruebas, lo escupes. Y si eres tan idiota de zampártelo, te pasas la semana de rigor en cama y hacemos un bizcocho nuevo.
Hay gente que después de ponerse mala por un bote caducado afirma no tener ganas de volver a probar nunca más el producto en cuestión, lo destierran para siempre... la gente es tonta.
La etiqueta dice, "consumir preferentemente ante de fin: 12/08", para empezar es una frase mal construida y para seguir ¿qué leches significa preferentemente? ¿que después mejor tirar el contenido pero allá tu? Me suena eso... ese "mira chica, allá tu" y así todo arreglado, la empresa que produce la comida, las personas que te rodean, todos se lavan las manos señalando un par de cifras y añadiendo un "allá tu, yo no puedo hacer más por ti".
Una se mete en la cocina, hace un bizcocho sin fecha de caducidad, que desde luego estará duro como una piedra dentro de una semana.. pero no hay fecha de caducidad, si quieres puedes roerlo poco a poco dentro de un mes, seguro que sigue siendo comestible.
Nada, la gente no se quiere mojar y pone cifras por todas partes como si eso les fuese a salvar del limbo o mejor, a dejarles allí en un estado de "yo fui honesto, di todos los datos que tenía". Eso es exactamente, dar datos en lugar de apostar a que, por malo que esté este bizcocho dentro de un tiempo, seguirá siendo comestible y hasta divertido el coger pequeñas migas para jugar con ellas entre los dientes.
¿Y si te sienta mal? Pues si te sienta mal, te pasas una semana en la cama (como muchísimo) y a tirar para adelante, que nadie se ha muerto por probar un bizcocho pelin mohoso... al paso que vamos sustituiremos las papilas gustativas por cifras delante de los ojos, ¿no está el sentido del gusto para indicarnos cuándo la comida está mala? Pues eso, si el bizcocho ha acogido a una afable familia de hongos y lo pruebas, lo escupes. Y si eres tan idiota de zampártelo, te pasas la semana de rigor en cama y hacemos un bizcocho nuevo.
Hay gente que después de ponerse mala por un bote caducado afirma no tener ganas de volver a probar nunca más el producto en cuestión, lo destierran para siempre... la gente es tonta.
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